LO QUE MIS MAYORES NO ME CONTARON
LO QUE MIS MAYORES NO
ME CONTARON.
Revista de feria de Guadalcanal 2026
Nací treinta años después de que
empezara la guerra fratricida. Por denominarla de alguna manera; pues fue uno
de los episodios más lamentables de nuestra historia reciente y que se saldó
con millones de españoles asesinados, muertos en combate, encarcelados,
perseguidos o huidos a otros países.
En Guadalcanal no hubo guerra
propiamente dicha, no hubo combates entre las dos fuerzas enfrentadas. La columna
de Tropas Regulares, mandada por el comandante Rodrigo, apenas encontró
resistencia antes de alcanzar la población el 19 de agosto de 1936.
Sin embargo, durante el mes que precede a esa fecha, desde el 18 de julio, hubo asesinatos. Más de cuarenta personas fueron asesinadas, se destrozaron vidas y familias. Se destruyó la mayor parte de las pertenencias de las hermandades, incluidas las imágenes, que en definitiva eran patrimonio histórico y cultural de nuestro pueblo y que tampoco tenía relación con la política. Posteriormente, también se asesinó a más personas en respuesta a los primeros desmanes y se condenó a muerte a otras.
Mi condición de militar de carrera en activo, me impide manifestar públicamente mis ideas políticas y, por lo tanto, no lo haré. Estoy convencido de que los asesinatos no se ejecutaron en aras de ideales políticos –que de ninguna manera los hubieran justificado– y que fueron causados por otros motivos más profundos y de índole económico y social.
En mi familia, como en muchas otras, hubo víctimas, que dejaron una honda conmoción a los que sobrevivieron. Conviví hasta mi edad adulta con familiares que habían presenciado aquellos negros días en vivo y en directo. Y mi precoz interés por la historia de Guadalcanal, me llevó en más de una ocasión a tratar de obtener información de estas fuentes directas sobre los episodios de aquellos días, siempre contados de manera distorsionada por vencedores y por vencidos; y por unos y por otros, llevados a extremos a veces excesivos y carentes de rigor. En todas las ocasiones en que lo intenté, siempre encontré un hermetismo bien disimulado y casi nunca obtuve un relato convincente de ningún capítulo de aquella nefasta época. Años después entendí el porqué.
Lo que ahora, noventa años después y de manera
mezquina, unos y otros pretenden distorsionar con leyes de hiel, es un insulto
a nuestros mayores (al menos a los míos), que en un afán de impedir que la
semilla del odio e incluso de la venganza, germinara en nuestros corazones,
optaron por callar y no contar, ni a mi generación ni a la anterior, de nietos
e hijos, respectivamente, de las víctimas.
Lo único que mi abuelo me contó es que el día que
quemaron a Nuestro Padre Jesús en la plaza, él y mi abuela prometieron vestir
de morado el resto de su vida. Y así lo hicieron y así lo vi.
Rafael Ángel Rivero
del Castillo
Guadalcanal, febrero
de 2026
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